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Chucky García, programador y curador artístico de Rock al Parque: “Creo que si una sociedad no cabe dentro de un festival, no va a caber dentro de un país nunca” Chucky García, programador y curador artístico de Rock al Parque: “Creo que si una sociedad no cabe dentro de un festival, no va a caber dentro de un país nunca”
Chucky García posee una de las carreras más importantes detrás del desarrollo de la música alternativa en Colombia. Ha sido una destacada voz del... Chucky García, programador y curador artístico de Rock al Parque: “Creo que si una sociedad no cabe dentro de un festival, no va a caber dentro de un país nunca”

Chucky García posee una de las carreras más importantes detrás del desarrollo de la música alternativa en Colombia. Ha sido una destacada voz del periodismo musical y durante más de 20 años ha pasado también por ser promotor, booker y mánager de bandas locales. Su trayectoria alcanzó un punto de madurez al convertirse en 2014 en programador artístico de Rock al Parque, el festival gratuito alternativo más grande de Latinoamérica, labor por la que incluso fue premiado en la pasada edición de los Premios Fest como ‘Mejor Promotor Latinoamericano’ junto con IDARTES. IndustriaMusical.es conversó con García sobre su labor al frente del festival, que está cerca de cumplir 25 años.

Los próximos días 24, 25 y 26 de mayo Chucky García estará presente en el encuentro SoL Madrid, la reunión de networking para profesionales en la industria de la música que quieran ponerse en contacto con los programadores de algunos de los festivales internacionales más importantes del mundo. La cita se celebrará en Costello Club e Impact Hub Madrid, con un programa que incluirá conciertos, presentaciones y food & drinks durante los tres días.

IM: ¿Cómo ha sido tu historia en el periodismo musical?

Chucky García: Empecé a escribir sobre música hacia el año 1992, justo cuando estaba surgiendo la movida alternativa. En esa época no había festivales, el único del que se tenía referencia era el ‘Concierto de Conciertos Bogotá en Armonía’ del año 1988, en el que habían participado los grandes nombres del rock en español de aquel entonces. Básicamente las bandas giraban por el circuito de bares, no solo en Bogotá sino en otras ciudades como Cali y Medellín. Fue una época con mucho movimiento. Yo tenía entre 19 y 20 años, estaba terminando Periodismo y empecé a hacer prácticas en el Diario La Prensa, que tenía una separata de 12 páginas llamada Planeta Elvis y que se publicaba todos los viernes.

En esa época, como no había Google ni internet, tocaba salir con la grabadora en el bolsillo a buscar todas las noticias, reseñas, discos que salieran, meterse a las discotiendas, entrar a todos los bares, salir a descubrir a las bandas. De entrada no solo me interesó el rock, sino en términos generales el underground, ya fuera el hip hop o el metal.

Después de La Prensa siguió la sección de cultura del periódico El Espectador, ahí ya tuve la posibilidad de abarcar todo a nivel nacional. Hacia el año 2000 me vinculé a uno de los primeros proyectos web que hubo en Colombia, calle22.com. Luego me fui para Barcelona, donde viví un año, y ahí también tuve la oportunidad de escribir sobre música. Desde el 2001 empecé a ser colaborador en diferentes medios de música, como Revista Shock y la edición colombiana de Rolling Stone. Durante todo este tiempo estuve también con Disidencia, una revista underground que dio mucho que hablar, enfocada en rock duro y otras cosas que estaban pasando.

IM: ¿Cómo hiciste la transición hacia la curaduría de festivales? ¿Cómo se dio en ti esa evolución?

Chucky: La figura de programador musical era una cosa que nunca se me había pasado por la cabeza hasta que en el 2010 me llamó la gente de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Tenían una idea sobre hacer un festival durante 5 días, en los primeros días del año, en el que se diera apertura a muchas otras músicas y que reactivara un sector de la ciudad que en enero estaba muerto. Ellos me dieron esas bases y sobre aquello construí Festival Centro. Ahí estuve 3 años y ese fue mi primer experimento como programador.

IM: ¿Qué significó para ti esa primera experiencia?

Chucky: Para mí Festival Centro fue muy importante y muy aleccionador para entender que uno debe tomar riesgos y apostar. No siempre la programación perfecta va a generar emociones o va a ser una experiencia llamativa para la gente: el riesgo siempre llama y eso hicimos en el Festival Centro. Haber podido implementar un día dedicado a la cumbia latinoamericana teniendo a artistas como el Frente Cumbiero, a Wendy Sulca que fue un show increíble, o una agrupación de cumbia villera como Fantasma de Argentina, y meter estas propuestas tan dispares en una programación fue importante. Yo creo que en el Festival Centro también me dieron libertad de trabajar y confianza, y eso fue lo que sentó las bases de lo que hoy soy como programador.

IM: También has trabajado en roles diferentes al periodismo con bandas como Odio a Botero, La Pestilencia o Ultrágeno ¿Cómo has logrado abarcar otras funciones que requieren conocimientos y talentos específicos en la industria de la música, y no quemarte en el intento?

Chucky: En la música es muy bonito teorizar, dar charlas, tener un auditorio y hablar sobre lo que uno cree que va a pasar y hacia dónde va la música, pero por lo menos un 50% de hacia dónde va la industria de la música es remangarse la camisa y ponerse a trabajar junto con los soldados en las trincheras, y así uno ve si la carreta que uno está diciendo es tan cierta. Es clave trabajar con los artistas, independientemente del rol, si se es jefe de prensa, manager, promotor, o booker de los shows. Eso le da a uno otra perspectiva, y además eso le permite a uno ir acumulando una serie de conocimientos que uno no sabe cuándo los va a usar. Si a mí me hubieran preguntado cuando empecé a ser periodista que si algún día iba a estar al frente de la programación de Rock al Parque hubiera dicho que no me interesaba, porque ni siquiera me lo imaginaba. Ahora acá en el festival encuentro que toda esa suma de experiencias en la música me han terminado por aportar algo, me han ayudado a resolver retos que tenemos en el día a día. Eso ha sido importante.

Algo para no quemarme ha sido entender que hay una distancia entre el artista y uno, y que éste tiene unas necesidades y una visión propias, y que pese a que uno le ha entregado todo su trabajo y su esfuerzo puede el día de mañana dar el portazo e irse. Eso está bien que pase y es parte de su naturaleza. El tener esa distancia me ha permitido no quemarme, y también ser muy claro respecto a las expectativas de cada banda y el rol que uno asume, porque ahí es donde hay mayor quemazón. A veces, los grupos no tienen claros sus objetivos, no tienen visualizado el vestido del éxito que quieren calzar, qué quieren ponerse. De alguna manera he tenido la suerte de trabajar con bandas que sí tienen claro para donde quieren ir, que sí tienen claro cuál es su brazo de éxito, que dicen “lo que quiero que pase con nuestra música es esto y esto” y luego uno pone un chulo y dice “logramos estas cosas”. Ha sido importante ser muy realista también, entender que dentro de la música hay muchos niveles de éxito, y no pensar que el único que existe es Lana del Rey. Hay muchos otros donde las bandas pueden desarrollar sus propuestas y sobre todo diferenciarse de las demás, que a mí me parece muy importante.

IM: ¿Cómo inició la relación con Rock al Parque?

Chucky: En 2014 me llaman de IDARTES y me hacen la propuesta de encargarme de los 20 años de Rock al Parque. El festival venía de una edición 2013 que no había sido muy bien recibida en asistencia, y yo siempre entendí que eso tarde o temprano iba a pasar porque para mí el festival siempre fue como una de esas casas a las que le empiezan a construir un piso, y luego otro piso y después otro, muy al estilo colombiano, y cada piso que se va construyendo se va haciendo con intuición, a veces sin la planificación necesaria y sin el dinero para construirlo con unos buenos materiales. Entonces a la larga el festival en ese entonces era un edificio de 19 pisos sostenido en algunos puntos con pajitas. Yo creo que cada programador le ha dado su aporte, su sufrimiento, pero el festival ahí tuvo un punto de quiebre, y ahí me llamaron a mí. Para mí fue sorpresivo, pero entendí que la trayectoria que había hecho en el periodismo musical iba a ser importante, y definitivamente lo fue.

IM: ¿Cuáles fueron los cambios que introdujiste al festival?

Chucky: De entrada lo que apliqué fue ver qué es lo que necesita el festival, no lo que yo me tengo que demostrar ni lo que yo sé de música. A la larga hay gente que sabe más que uno, que tiene una tienda de discos, que es profesor de música o que tiene cualquier otro oficio y no está haciendo festivales. Fue bueno analizar qué es lo que el festival necesita y cuál es su lugar en el mundo, porque cuando empezó 20 años atrás la industria era una cosa y ahora es otra, la ciudad se había transformado también y el espíritu de la ciudad también había se había vuelto de otra forma.

Otra cosa que me parecía importante era radicar un plan de trabajo a 5 años como mínimo, independientemente de si IDARTES quería seguir contando conmigo o no. Les dije algo como “el festival no puede estar cambiando cada año dando bastonazos de ciego, cada cual llega con su plan de trabajo, esto necesita una continuidad para poder ir midiendo los logros, y para que esto se sostenga a través del tiempo, y que el festival vea cuál es su camino hacia los próximos 20 años”. Entonces creé un documento que cada año hemos venido engordando, mejorando, quitando, depurando o cambiando, siendo muy honestos y muy críticos con nuestros logros y con nuestros fallos para aprender y para decir si algo funcionó o no. Los festivales son laboratorios de campo y es ahí donde uno puede ver qué funciona y qué no. El papel, todo lo aguanta.

En la forma de programar el festival hay que ver de qué se va a tratar cada día, cada escenario, cuál es el tono, enfocado en qué, y luego al tener claro a qué se va a jugar ahí: si buscar a los artistas y de este modo que los artistas terminen encajando en una gran foto donde todo es importante, no solo quien cierra. De 2014 hacia acá hemos hecho una gran apuesta para que todo sea importante. Todo tiene que ser bueno, interesante, desde el que abre hasta el que cierra. Que cierre el último que toque, respetando que tiene que haber una trayectoria y una importancia, pero no solo el que cierra es el importante. El domingo o el lunes desde temprano ya tenemos artistas internacionales tocando, y hay bandas distritales que se clasifican por convocatoria tocando en horarios prime time. Para nosotros es importante que el festival sea valioso en su conjunto y que no solo brille por momentos.

IM: ¿Has tenido un vínculo emocional con Rock al Parque antes que llegaras trabajar directamente con el festival?

Chucky: He asistido a todas las ediciones. Las primeras sobretodo las recuerdo muchísimo. He asistido como público y como periodista. En 1997 hice un documental, durante 5 años me vinculé al equipo de prensa del festival y ahora desde el 2014 tengo esta labor de curaduría. Es imposible no tener una vinculación emocional. De hecho, creo que es necesario, y a veces eso hace que uno cometa errores o entre en discusiones, pero finalmente sin ese vínculo con el festival no termina uno viendo esa gran foto ni termina uno visualizando para dónde puede ir. Es un festival que, efectivamente, está hecho de un vínculo emocional que la gente tiene. Por eso es un evento que genera intensos debates, polémicas en la prensa: la gente opina sobre cada decisión que se toma, la comparte o no la comparte, pero no es indiferente. Creo que es el único festival latinoamericano que genera esas emociones, respetando todos los demás. El caso de Rock al Parque es muy especial en ese sentido.

IM: ¿Cómo compite Rock al Parque, un festival gratuito, con otros festivales de pago y privados que se han consolidado muy fuerte en los últimos años en Colombia, siendo el Estéreo Picnic el principal de ellos?

Chucky: Hoy en día los latinoamericanos no nos consideramos solo de nuestros países sino de toda la región, y la gente, sobre todo los millenials que ya se consideran ciudadanos del mundo, viajan más fácil. No es como antes cuando el único referente de festival que teníamos en Colombia era el Vive Latino de México y el Lollapalooza de Estados Unidos. Hoy en día la gente tiene la oportunidad de hablar hasta de un Burning Man, que ya es otra dimensión. La gente te habla de un Lollapaaloza Chile, Lollapaaloza Argentina, Lollapaaloza Brasil, Rock in Río, Corona Fest, Primavera Sound. Se tienen ya muchos referentes, no solo el Festival Estéreo Picnic.

Cuando yo pienso en Rock al Parque no solo pienso en Colombia sino que lo veo en un gran panorama de festivales de Hispanoamérica, Latinoamérica y de Colombia. Entonces pienso cuál es el lugar de Rock al Parque y cómo empieza a dialogar con todos estos festivales y circuitos. Por eso, desde 2014 nos hemos puesto a la tarea de ir a los mercados hispanoamericanos para ver cómo abrimos más puertas y cómo le dejamos al festival otro panorama muy diferente para los 25 años que se vienen, independientemente de quién esté al frente o quién lo gestione. Es necesario que el Festival se conecte y dialogue con Latinoamérica y comparta sus procesos, que vea cómo puede empezar a tejer. Eso es vital y es lo que va a permitir que Rock al Parque luego de 25 años en los que ha pasado de todo, empiece a contar una nueva historia.

IM: ¿Qué crees que hace especial a Rock al Parque en la actual oferta de festivales de música de Latinoamérica?

Chucky: Lo que hace especial a Rock al Parque es, en primer lugar, que es un festival de proporción bien grande. Más o menos en estas últimas ediciones desde el 2014 el promedio ha estado entre 200 y 300 mil espectadores en tres días de conciertos, con un público en el que están representados todos los posibles públicos de esta ciudad. También vemos cómo se rompen allí paradigmas, cómo el festival se vuelve un campo atractivo para lo que no es tan conocido, así como el proceso de selección y curaduría. Espero no sonar muy ególatra, pero nosotros nos quemamos las pestañas tratando de articular todo eso.

Algo muy bonito es la igualdad de condiciones de las bandas que se presentan. Una banda distrital bogotana que se presenta a través de la convocatoria distrital tiene 45 minutos de show, y una banda internacional normalmente tiene 60 minutos de show. Usan los mismos camerinos, utilizan los mismos equipos. No es para el artista internacional una consola aparte, y luego para los de acá tenemos una consola más chica. Todo el mundo está en igualdad de condiciones. El mismo catering, los mismos buses o vehículos transportan a todas las bandas, los mismos horarios para pruebas de sonido, la misma promoción ante los medios.

El año pasado el primer día lo cerró Lamb of God y una banda distrital tocó antes que ellos, o por ejemplo, 2 minutos, una banda conocida en todo Latinoamérica, tocó a las dos de la tarde abriendo la programación, y después siguieron bandas colombianas. En realidad, la programación está pensada más en una curva emocional que en un tema de cuántas estrellas tiene una banda en su solapa, y que el soldado más raso, como decimos acá, ‘chupe del bulto’.

IM: Se dice que Colombia es el nuevo núcleo de la escena musical de Latinoamérica como lo fue en otras épocas Argentina o México. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación desde la perspectiva de los eventos en vivo?

Chucky: Sí, se dice eso. Es loco porque yo salgo desde 2014, he participado en mercados de México, Argentina, Ecuador, Chile, España, Venezuela y me dicen “Che, es increíble lo que está pasando en Colombia” o “Canalito, lo que está pasando en Colombia es la ley”. Luego uno estando acá tiene otra mirada. Es claro que están pasando muchas cosas, pero luego uno se pregunta: ¿están pasando tantas?, ¿qué está pasando con un montón de música que todavía es necesario que circule música colombiana, de diferentes formatos o géneros?, ¿cómo están los circuitos de circulación para artistas en el ámbito local?, ¿cómo estamos en cuanto a escenarios? Es muy chévere e importante que Colombia sea ese nuevo núcleo de la música de Latinoamérica, porque eso nos llena de preguntas. ¿Soy tan guapo como me acaban de decir que soy?, ¿qué tan cierto es?, ¿cómo puedo hacer para que sin maquillaje sea tan guapo como dicen que soy en Bilbao, en Guadalajara o en Ciudad de México? Nos cuestiona y nos hace hacernos preguntas reales y nos hace generar un dialogo interno.

Luego me parece clave que sea la escena que Latinoamérica esté mirando por su diversidad, ahí presumo porque es una demencia. Una diversidad que hace que la gente se invente géneros. Ahora que tuve la oportunidad de compartir tiempo con el programador del Fuji Rock, él me decía que había visto a Rancho Aparte, que le parecía una de las bandas más increíbles que tiene Colombia  y que eran como una banda de garaje rock del Pacífico colombiano. Y va uno a verles y es una banda que hace música del Pacífico pero uno no tiene esa connotación. Es interesante que la diversidad de propuestas musicales de Colombia haga que la gente cree géneros o etiquetas para nombrar esa diversidad y para podérselo explicar luego a otras personas.

Y es paradójico, porque luego se abre una discusión sobre si un festival como Rock al Parque debe ser tan diverso. Mientras que en Latinoamérica nos admiran unos por la diversidad y otros porque hay una banda de rock garaje del Pacífico o básica andina progresiva, acá el debate interno es por qué eso es tan diverso, que si es o no es rock, que si es o no es jazz, si es o no es salsa. Es loco porque deberíamos estar pensando mejor cómo encaminamos toda esa diversidad.

IM: ¿Cómo se mantiene vivo un festival de rock, cuando en el caso de un país como Colombia los artistas fusión son ahora el centro de la tendencia musical?

Chucky: Entendiendo que el festival debe mantener su espina dorsal de rock, pero dar cabida también a estas propuestas. No es solo el programador quien lo determina, es la gente que lo exige y lo pide. Nosotros en 2017 trajimos a una banda de China llamada Zhaoze que toca rock progresivo con instrumentos tradicionales chinos, y fue una de las grandes sorpresas. Todavía me encuentro a gente diciendo “esa banda china que trajeron, que putería”. O hace un par de años trajimos a una banda de Chile con 17 integrantes llamada Conmoción, de música de fiesta latinoamericana. La gente quedó impresionada y decía cosas como “qué verga venir a Rock al Parque y encontrarme estas cosas”. Si tenemos 65 bandas en la programación, la idea es tener apuestas así junto a una espina dorsal rockera. Entendiendo también que el rock latinoamericano es mestizo y en el cual se integran otra serie de músicas.

IM: La escena alternativa de Latinoamérica necesita nuevos cabeza de cartel para festivales como Rock al Parque o Vive Latino, porque ya Café Tacvba, Molotov, Caifanes, Calamaro, Bunbury, etc. han sido cabezas de cartel en muchas ediciones. ¿Cómo ves que se esta haciendo la renovación de estas figuras en la región?

Chucky: Hay algo importante y es que 20 años atrás había canales de penetración mucho más masivos, y los sellos discográficos que eran omnipresentes obligaban a toda la región a consumir las mismas bandas. Entonces, de algún modo teníamos una escena musical latinoamericana donde mandaban la parada de 10 bandas que aparte tenían la capacidad de llevar cincuenta, sesenta o hasta cien mil personas a un solo concierto. Luego, con toda la transformación que tuvo la industria de la música, esa torta que antes tenían diez quedó dividida en mil partes, y claramente los sellos ya no tienen ese poder de penetración de decir, “ahora quiero que toda Latinoamérica escuche a Soda Estéreo”. Y luego hay que ver que hay bandas que han construido sus propias audiencias con la fuerza de su música y con un trabajo promocional independiente autosugestionado, y tienen audiencias superimportantes.

Ahora el Vive Latino tiene la posibilidad de repetir año tras año ciertos artistas, y tiene la posibilidad de ir creando nuevos headliners. Un ejemplo es Doctor Krápula. Primero tocaron en el escenario pequeño del Vive Latino, luego ya los pasaron a uno más grande, y después a uno de los tres principales. Al final llegaron al escenario principal tocando para un número impresionante de espectadores, esto en un lapso de 5 a 10 años, con lo cual terminaron creando un cabeza de cartel.

En el caso de Rock al Parque es diferente. Para repetir una banda internacional tiene que pasar mucho tiempo y no es tan fácil que repita un año tras otro. El escenario más pequeño del festival es de ocho mil a doce mil personas, en el siguiente caben entre treinta y cuarenta mil, el principal roza las ochenta o noventa mil personas que es donde se programa el tercer día que es la jornada de cierre, en donde a las seis o siete de la tarde debe tenerse a una banda latinoamericana ya robusta, con mucha tarima o experiencia. Uno como programador tiene que darse cuenta que no necesariamente porque una banda toque entre más gente genera algo más positivo en cuanto a creación de audiencia para esa banda. Esa es la aspiración que tenemos pero no siempre se da.

A veces tiene más impacto poner a una banda nueva en un escenario pequeño en el marco de una programación muy bien planeada, muy bien ingeniada, bien articulada y que emocionalmente afecte mucho más a la gente. Ahí la gente se puede ir hablando mejor de esa banda, el voz a voz puede ser mayor y la banda puede sumar más fans, que tirándola al ruedo en un escenario enorme y lleno de gente que posiblemente no conecte con la agrupación por el tamaño del escenario mismo.

IM: ¿Qué pasó con aquella alianza que había entre el Vive Latino y Rock al Parque?

Chucky: Rock al Parque tiene actualmente una alianza con el Sello Intolerancia de México, que a su vez tiene un escenario en el Vive Latino llamado Carpa Intolerante. Ese convenio sigue en pie, y eso hace posible que una banda de la convocatoria distrital ganadora toque en ese escenario durante el Vive Latino, y nosotros invitamos a una agrupación mexicana de las que viene trabajando con ese sello.

IM: ¿Qué opinas de la avalancha de franquicias de festivales que han llegado a Latinoamérica (Sónar, Lollapalooza, entre otros), y que muchas veces los carteles sean bastante similares en un 80% de un país a otro?

Chucky: Eso era algo que tarde o temprano iba a suceder tanto como el hecho de tener un papa Latinoamericano. Siento lo mismo en la música, que tarde o temprano las franquicias internacionales de los grandes festivales iban a llegar, mirando los repuntes económicos de países como Chile. La gente además tiene más posibilidad de gastar dinero en entradas para festivales y conciertos. Me parece que eso está bien, que todo un continente esté hablando de festivales porque lo que logra es que gente quiera hacerse partícipe de eso. En lo que uno debe ser más inteligente es en decir, “si yo no hago un festival de franquicia, ¿cómo puedo encontrar un factor diferencial?“. Yo creo que uno lo que debería hacer es pensar cómo hacer para que mi festival sea mucho más local o más especial, o tenga esta otra mirada, o esto otro que conecte a la gente. Antes de oponerme, prefiero invertir el tiempo en pensar cómo generar un diferencial para el mío.

IM: En este panorama, ¿Qué tan factible es que sigan naciendo festivales o escenarios con personalidad y con una propuesta propia?

Chucky: Yo creo que llega una moda y la gente corre hacia ella, pero al final del día cuando ya esa moda pasa, la gente con lo que termina conectada es con lo que le toca la fibra, con lo que emocionalmente lo hace sentirse parte de. Yo creo que ahí existe una gran posibilidad de generar festivales con personalidad, y es ver cómo conectar con la gente no a corto sino a largo plazo, y siempre hacerse la pregunta de qué va a pasar en unos años.

IM: ¿Hasta cuándo piensas permanecer en Rock al Parque? ¿Qué crees que pueda venir para ti después de esto?

Chucky: Yo voy a estar hasta que IDARTES, quien me contrata, lo considere. He pasado un plan de trabajo de 5 años, quisiera poder cumplirlo y terminarlo, pero pienso mucho en lo que le sirve también a la ciudad. Pienso que debe entrar también alguien nuevo a empujar este barco, que le meta nueva sangre, que ponga sus lágrimas y sus anhelos y lo más importante, que entienda que esto no es de una persona, ni de un gobierno, ni de una entidad: que esto es un festival de la ciudad, de la gente.

Rock al Parque es de los pocos eventos que conserva un espíritu único y libre. A día de hoy sigue pensando más en la gente que en las experiencias de marca, y apuesta más a tener una programación redonda donde los 65 o 70 que tocan son importantes. Conserva el espíritu de esta ciudad en la que llueve y luego hace sol, y su cielo tiene un naranja único que no se lo he visto a ninguna otra. Además es caótica y es ruidosa y en la que a la vez suena todo, mil cosas al tiempo. Este festival es un reflejo de eso.

Quien llegue mañana debe mirar eso, que Rock al Parque es parte de la ciudad. Yo vivo en un apartamento que tiene terraza, y todas las mañanas trato de contemplar la ciudad en toda su extensión hasta donde me permiten los ojos, y todo eso que alcanzo a mirar tiene que caber en el Festival. Yo creo que si una sociedad no cabe dentro de un festival, no va a caber dentro de un país nunca.

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Liliana Ramírez

Liliana Ramírez

Liliana Ramírez es periodista y asesora en proyectos de comunicación en los sectores de música y cultura. Ha trabajado en la producción de mercados de la industria musical como Circulart y BIME, y se ha encargado de los patrocinios y del relacionamiento institucional del programa EmprendeMúsica en Factoría Cultural, vivero de industrias creativas. Ha sido también jefe de prensa de diversos eventos musicales así como periodista del Ministero de Cultura en Colombia. Con estudios en Comunicación Social, Gestión Cultural y Music Business.
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